Estimada Malvina,
Espero que estés bien en compañía de tu querido esposo, Caregato, hoy he querido escribirte para que aclares tu atormentada cabecita de mosca y te enteres de la historia real entre tu marido y yo.
Caregato apareció cuando el novio de mi vida se había ido. Él no era guapo, tiene la cabeza muy grande, el pelo muy seco y no le entiendo nada cuando habla; pero no importaba, yo sólo quería aliviar mi pena. Entonces, comenzamos a salir, a caminar de la mano, a viajar, a besarnos, en los rincones, en las escaleras, en los parques, en los micros, en las playas, con zapatos, sin zapatos. En fin, todo eso en un lapso de tres semanas, a la que luego se le añadió una más cuando volvió a visitarme. Así de práctico y así de sencillo.
Con los años, tu marido y yo nos hicimos muy amigos, ya no nos besábamos, ya no nos agarrábamos de la mano, ahora sólo me llevaba a algunas fiestas, porque era la única desempleada que lo podía acompañar; luego, me presentó al siguiente novio de mi vida y él te conoció. A mi me dio mucha curiosidad conocerte, él decía que tú y yo nos parecíamos mucho y creo que por eso, luego de confesarme que estaba perdidamente enamorado de ti, trató de besarme.
Sólo vi tu cara cuando Caregato me mandó la invitación de matrimonio que llegó con una foto de ustedes. Lo más sorprendente fue que tú y yo no nos parecíamos en nada, todo había sido una trampa de Caregato para justificar su intento besístico. Luego, los amigos que ven las fotos en las que aparezco contigo dicen que Caregato está loco, ciego o es un cojudo, yo sólo pienso que se hizo el sueco.
Cuando fui a visitarlos, me acogieron en su linda casa; todo fue dulzura de tu parte, regalitos, comida, cocacola, me prestaste tu lap top, te conté de mis planes, de la época de Caregato en Lima. Mientras conversábamos todo eso yo continuaba buscando en qué carajo nos parecíamos. Infelizmente, a Caregato lo vi unas cuatro horas de la semana que pasé contigo, el pobre trabaja día y noche para mantener la linda casita que en la que las camas no son tendidas, los platos no son lavados; por lo tanto, todo apesta a salmón, el plato favorito de tu maridin; porque tú siempre estás cansada de hacer nada y de extrañar el alfajor y el churrasco argentino.
Ayer hablé con Caregato luego de cuatro meses, sólo para saludarlo por su cumpleaños. Me pidió disculpas por su alejamiento, el cual yo no había notado, me dijo que le habías prohibido hablar conmigo; ay, Caregato es muy indiscreto. Yo no sabía que él te había contado nuestra historia. Le dije que esas cosas no se cuentan, menos a la esposa. Me contó que dijiste que yo le coqueteé todo el tiempo que estuve allá. Yo, la que piensa que tu marido tiene la cabeza demasiado grande; yo, que pienso que es el más feo y el más tonto de su manchita. Yo, que ni siquiera recuerdo haber hablado mucho con Caregato y sí con su amigo, el guapo que me presentó. Yo, jamás coquetearía con tu marido.
Dijiste muchas cosas feas de mí, Malvina, tú que ni siquiera me conoces bien. No sé si Caregato te dio mi encargo pero, si no, te lo doy ahora: Estás loca y completamente fuera de la realidad, porque tu marido no me parece nada atractivo, no me interesa para nada, tiene la cabeza muy grande.
De todas maneras, gracias por simular cariño hacia mí y alojarme en tu casa, toda dulzura, eres buena actriz.
Saludos a Caregato.
Súper Mostra



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