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Queridas mostras y queridísimos lectores:
Hoy me toca escribirles a ustedes. Hace ya muchos meses que pienso y discurro (como buena Pequeña Mostra que soy) a qué, a quién y sobre qué escribir cada semana. He logrado, quizá sólo intentado, decir todo o algo de lo que tenía que decir y no pude decir nunca, he posteado cartas que la realidad impide que se las dé a los destinatarios, he confiado mis cariños y admiraciones, he dejado de a pocos a la Pequeña Mostra y sus mostrosidades en cada post.
He leído cada uno de los post de mis compañeras mostras y de las cartas que se publicaron de muchos mostros invitados en este mi/nuestro querido cartas de una mostra (que quizá debió llamarse cartas de mil mostras/os)... no sé... en todo caso me he sentido reflejada con muchas de las cosas escritas aquí y he aprendido muchas cosas con mi transición mostril.
Como todos lo saben yo soy la pequeña del grupo mostroso, no por ser la menor ni por ser la más chata, soy la pequeña porque como alguna vez dijo Súper Mostra soy o era una simple aprendiz de mostra y ahora que veo las mostrosidades del blog no sé si me gradué de mostra o sigo siendo pequeña, tal vez me hice más pequeña, que sé yo...
Como todos lo saben yo soy la pequeña del grupo mostroso, no por ser la menor ni por ser la más chata, soy la pequeña porque como alguna vez dijo Súper Mostra soy o era una simple aprendiz de mostra y ahora que veo las mostrosidades del blog no sé si me gradué de mostra o sigo siendo pequeña, tal vez me hice más pequeña, que sé yo...
He cambiado a lo largo del año mostril y he aprendido muchas cosas, he aprendido a disfrutar de la vida, de la gente, y de mí, he pensado muchísimo, como es mi costumbre y me he dado cuenta que debo intentan enfentarme al mundo cara a cara, aunque no sé si realmente pueda, porque sé que siempre he escrito cartas que expresaban cosas que no dije en su momento. Me cuesta decir, me cuesta enfrentar, no sé si le tengo miedo a la agresividad de los demás o a la mía pero sé que me refugio en las cartas, en las palabras, en los papeles y en este último tiempo en mi bolsa de mostra.
Queridos lectores y amigas mostras creo que llegó el momento de enfrentarme como pueda a las cosas, de no guardar rencores por no poder decir las cosas, de ya no escribir cartas hirientes para mí y para todos cuando quizá pude decirle de frente las cosas a quien me lastimaba en su momento.
Aprendí que ser una mostra es tratar de enfrentar tus miedos, y es por eso que debo avanzar y ha llegado el momento de quitarme la bolsa y seguir conmigo tratando de ser más grande.
Gracias mostras por todo, ustedes saben lo que significa ese todo y gracias lectores y oyentes mostrosos por haber aguantado a esta pequeña pero mostra al fin. Fue un gusto aprender a crecer con ustedes.
Hasta pronto.
(Espero que no sea muy lejano)
Pequeña Mostra
Querida compañera:
Hola,
sé que es un poco raro que te escriba a ti, ya que desde hace no sé cuántos años sé que me vas a acompañar siempre, estarás siempre a mi lado lo quiera o no. Estas últimas semanas estoy sufriendo tu presencia intensamente y me pregunto a veces ¿por qué tienes que acompañarme? En realidad me pregunto ¿Por qué tienes que acompañar siquiera a alguien? Nadie te necesita, querida stalker.
Últimamente hablo mucho de ti y trato de recordar desde cuando te conozco, hace cuántas tarde me fui a dormir contigo y hace cuantos años me despierto sobresaltada en las noches por tu presencia siempre constante, cuántas veces me obligaste a dejar de leer para mis exámenes, controles, clases o lo que fuera para lo que yo quisiera leer, cuántas veces te tuve que usar de excusa para faltar a mil y un sitios: clases, trabajo, reuniones, encuentros, amigos, fiestas; cuántas veces tuve que dejar de ver televisión, escuchar música, estar en el messenger, solo conversar o simplemente cuántas veces he querido llegar locamente a mi casa para tirarme en mi cama y tratar de olvidarte…
Con mis queridos padres (que dicho sea de paso te odian tanto como yo) recordamos un episodio de mi niñez en donde creemos que te asomabas sin que nosotros pudiéramos prevenirlo, aunque ahora que lo pienso no hubiera cambiado nada el hecho de que te detectáramos antes… sólo habríamos sabido desde antes que me acompañarías siempre y como dice mi querido doctor que tengo que aprender a vivir contigo.
Sé que tenerte a mi lado no es grave, no me va a pasar nada, no eres cosa seria, eres cosa fregada y fastidiosa pero más que idas a emergencia y días de reposo no me vas a causar y no tengo razón para ponerme trágica, no se sabe bien porque apareces y por supuesto ya todos sabemos que no se sabe como borrarte, así que como dicen todos es cuestión de acostumbrarse.
Es más quizá deba pensar que tu compañía me hace sentir una complicidad extraña con personas que me dicen que también te sufren. Unas bastante seguido como yo, otras menos y otras más que yo, cuando conozco alguien que te padece (como cuando conocí a estas mostras) es casi instantáneo ponernos a conversar sobre cómo te sobrellevamos, nos damos recetas, tips caseros o químicos etc, porque sabemos que sólo nosotras nos entendemos.
Hace como un mes que me anulaste un poco, desde la semana que me hiciste estar internada en la clínica, no he podido casi leer sin sentirme cansada, chambear con la misma intensidad, me da miedo comer cosas que te hagan volver y ya casi nunca estoy conectada a internet… cosas que por supuesto para mi pequeña mostrosidad son horribles, yo como siempre y mucho y de todo, además estaba conectada en el messenger, en el skype, en el Facebook o donde fuere todo el tiempo y claro como soy una escritora de cartas leer es algo que tengo que hacer para ganarme la vida mostra.
Sé que quizá exagero pero me das miedo, la gente cuenta historias de haberse quedado paralizada cinco meses, de haber convulsionado por tu culpa, yo sé que sólo estuve internada tres días, tres días en los cuales me inyectaron muchos analgésicos para hacer que me sueltes y tú bien sabes que no te fuiste, que los dos días anteriores yendo a la emergencia, los tres días en la clínica y casi el mes que llevo tomando pastillas todos los días no te hacen desaparecer… y debo acostumbrarme.
Debo acostumbrarme a sentirme tonta, a sentirme anulada sólo porque tengo dolores de cabeza, porque tengo una tontería llamada migraña que no se sabe ni por qué da, ni como eliminar, que nadie le da el crédito necesario, porque todos sabemos que no es grave, pero aunque quiera pensar todos los días que no eres nada el dolor que me produces no se me va, los efectos de las pastillas que tendré que tomar “para toda la vida” como dijo el doctor, me hacen sentir lenta y cansada todo el tiempo y no puedo salir al sol sin usar los lentes más oscuros que vea, no puedo quedarme horas en la computadora, y siento que todo el tiempo reprimo a la gente que quiero a no tomar vino, no comer queso, no comer pollo, chancho, colorantes, a no comer al sol, a no salir hasta tarde porque debo dormir…
Eres una pesada compañera, querida migraña, ¿no puedes quedarte tranquila sola sin fastidiar a nadie?, ¿no puedes dejarme; tomar, dormir poco, comer lo que quiera, mirar televisión, disfrutar del queso que tanto me gusta y por favor dejarme leer? Me molesta sentirme débil cuando no tengo nada, me molesta que me hagas sentir triste y sensible o malhumorada por tenerte que soportar todos los días… me molesta estar escribiendo una carta y parecer dramática cuando en realidad eres insignificante.
Me molesta pelear con mis hermanas, papás, mostro novio cuando estoy adolorida cuando en realidad lo único que quiero es pelearme contigo…
Sé que padecerte a ti no es nada grave y tampoco quiero ofender a nadie sufriendo por nimiedades que sé bien que lo son. Sólo quiero decirte querida compañera que realmente quiero que te vayas lejos y no me acompañes más, ni a mí ni a nadie.
Hola,
sé que es un poco raro que te escriba a ti, ya que desde hace no sé cuántos años sé que me vas a acompañar siempre, estarás siempre a mi lado lo quiera o no. Estas últimas semanas estoy sufriendo tu presencia intensamente y me pregunto a veces ¿por qué tienes que acompañarme? En realidad me pregunto ¿Por qué tienes que acompañar siquiera a alguien? Nadie te necesita, querida stalker.
Últimamente hablo mucho de ti y trato de recordar desde cuando te conozco, hace cuántas tarde me fui a dormir contigo y hace cuantos años me despierto sobresaltada en las noches por tu presencia siempre constante, cuántas veces me obligaste a dejar de leer para mis exámenes, controles, clases o lo que fuera para lo que yo quisiera leer, cuántas veces te tuve que usar de excusa para faltar a mil y un sitios: clases, trabajo, reuniones, encuentros, amigos, fiestas; cuántas veces tuve que dejar de ver televisión, escuchar música, estar en el messenger, solo conversar o simplemente cuántas veces he querido llegar locamente a mi casa para tirarme en mi cama y tratar de olvidarte…
Con mis queridos padres (que dicho sea de paso te odian tanto como yo) recordamos un episodio de mi niñez en donde creemos que te asomabas sin que nosotros pudiéramos prevenirlo, aunque ahora que lo pienso no hubiera cambiado nada el hecho de que te detectáramos antes… sólo habríamos sabido desde antes que me acompañarías siempre y como dice mi querido doctor que tengo que aprender a vivir contigo.
Sé que tenerte a mi lado no es grave, no me va a pasar nada, no eres cosa seria, eres cosa fregada y fastidiosa pero más que idas a emergencia y días de reposo no me vas a causar y no tengo razón para ponerme trágica, no se sabe bien porque apareces y por supuesto ya todos sabemos que no se sabe como borrarte, así que como dicen todos es cuestión de acostumbrarse.
Es más quizá deba pensar que tu compañía me hace sentir una complicidad extraña con personas que me dicen que también te sufren. Unas bastante seguido como yo, otras menos y otras más que yo, cuando conozco alguien que te padece (como cuando conocí a estas mostras) es casi instantáneo ponernos a conversar sobre cómo te sobrellevamos, nos damos recetas, tips caseros o químicos etc, porque sabemos que sólo nosotras nos entendemos.
Hace como un mes que me anulaste un poco, desde la semana que me hiciste estar internada en la clínica, no he podido casi leer sin sentirme cansada, chambear con la misma intensidad, me da miedo comer cosas que te hagan volver y ya casi nunca estoy conectada a internet… cosas que por supuesto para mi pequeña mostrosidad son horribles, yo como siempre y mucho y de todo, además estaba conectada en el messenger, en el skype, en el Facebook o donde fuere todo el tiempo y claro como soy una escritora de cartas leer es algo que tengo que hacer para ganarme la vida mostra.
Sé que quizá exagero pero me das miedo, la gente cuenta historias de haberse quedado paralizada cinco meses, de haber convulsionado por tu culpa, yo sé que sólo estuve internada tres días, tres días en los cuales me inyectaron muchos analgésicos para hacer que me sueltes y tú bien sabes que no te fuiste, que los dos días anteriores yendo a la emergencia, los tres días en la clínica y casi el mes que llevo tomando pastillas todos los días no te hacen desaparecer… y debo acostumbrarme.
Debo acostumbrarme a sentirme tonta, a sentirme anulada sólo porque tengo dolores de cabeza, porque tengo una tontería llamada migraña que no se sabe ni por qué da, ni como eliminar, que nadie le da el crédito necesario, porque todos sabemos que no es grave, pero aunque quiera pensar todos los días que no eres nada el dolor que me produces no se me va, los efectos de las pastillas que tendré que tomar “para toda la vida” como dijo el doctor, me hacen sentir lenta y cansada todo el tiempo y no puedo salir al sol sin usar los lentes más oscuros que vea, no puedo quedarme horas en la computadora, y siento que todo el tiempo reprimo a la gente que quiero a no tomar vino, no comer queso, no comer pollo, chancho, colorantes, a no comer al sol, a no salir hasta tarde porque debo dormir…
Eres una pesada compañera, querida migraña, ¿no puedes quedarte tranquila sola sin fastidiar a nadie?, ¿no puedes dejarme; tomar, dormir poco, comer lo que quiera, mirar televisión, disfrutar del queso que tanto me gusta y por favor dejarme leer? Me molesta sentirme débil cuando no tengo nada, me molesta que me hagas sentir triste y sensible o malhumorada por tenerte que soportar todos los días… me molesta estar escribiendo una carta y parecer dramática cuando en realidad eres insignificante.
Me molesta pelear con mis hermanas, papás, mostro novio cuando estoy adolorida cuando en realidad lo único que quiero es pelearme contigo…
Sé que padecerte a ti no es nada grave y tampoco quiero ofender a nadie sufriendo por nimiedades que sé bien que lo son. Sólo quiero decirte querida compañera que realmente quiero que te vayas lejos y no me acompañes más, ni a mí ni a nadie.
Pequeña Mostra
Creo que me la he pasado todo el día conectada esperando a ver si aparecías, ya son casi cinco meses desde que te fuiste... En días como hoy, que me la paso en pijama viendo tele todo el día, me hace falta escuchar tu voz por teléfono diciendo que llegas en un ratito a mi casa, conversar como locas todo el día, comer, leernos las cartas, reírnos, que hables horas con mi hermana, que te engrías un poco con mi familia...
Sé que no me debo poner engreída porque sé que estás bien y que estás feliz y que de hecho estas donde querías estar, con la persona con quien quieres haciendo tu vida, construyendo tu mundo… pero yo me pregunto… ¿por qué ahí donde estás es tan lejos de mi casa?, me da cólera no poderte llamar con mi voz de querer escapar del mundo para que vengas a visitarme, hablar contigo horas y ser totalmente feliz.
Te extraño mi querida amiga. Extraño cuando nos gritamos como perro y gato o en realidad cuando yo te regaño como un gato, porque aceptémoslo a veces estás un poco demente (Y yo también lo acepto jaja). Te me fuiste lejos mostra del mal y ahora dime tú ¿Cómo le hago para ahorrar el dinero que no tengo para ir a verte?…
Te extraño maldita, ¿Qué haces que no te conectas ni al Messenger, ni al Facebook, ni al Skipe? ¿Por qué te haces extrañar tanto? ¡no me digas que te adentraste en un cueva de nieve o que te quedaste haciendo galletas en el bosque! ¡Te extraño mala! Jajajajaja, mentira, no eres mala sólo que te extraño…
Me haces mucha falta
Pequeña Mostra
Encontré esta carta entre mis archivos, debo haberla escribo hace mas de 5 años... Sé que no iba dirigida a nadie, quizá a mi. Pero no se quien quise que la escribiera, tal vez tambien yo... a ver que dicen...
Emma:
Es tan difícil para mí describirlo, tú lo sabes, no sé cómo poner exactamente en orden las cosas. Quizás como siempre lo mencionas, mitad por preocupación mitad por ironía, vivo obsesionado con el orden. Es que aunque no entiendas por qué, (y yo tampoco lo pueda explicar claramente) todo tiene que estar en orden. No sé cómo a ti no te preocupa que todo tenga que estar de alguna manera estructurado armónicamente, para decirlo en tus palabras…
Para mí, más que armónicamente todo debería estar estrictamente ordenado, sin cosas de más, ni adornos de más y si los hay que estén puestos exactamente donde tienen que estar. Cuando hablo quiero hacerlo exactamente igual, no me parece malgastar palabras, no me gusta decir palabras de más.
Ni tú lo entiendes ¿no?... y tú eres la persona que más me entendía… ¿y ahora?... ¿Quién le hará caso a mis obsesiones?, ¿con quién divagaré hasta ordenar mis ideas?... tú dices que estás, que sigues ahí, que la persona que está enloqueciendo soy yo.. Pero los dos sabemos que eso no tiene sentido. Yo no cambio, yo no me muevo, yo siempre estoy en mi usual monotonía. Tú eres un constante cambio, movimiento. Te gusta el movimiento, te gustan los colores. Esa es la razón por la cual pudimos pasar tanto tiempo sin aburrirnos de nuestra compañía. Tú hacías los cambios y yo los aceptaba, dejaba todo en tus manos, yo solo me dedicaba a ir poniendo en orden tus constantes cambios de humor, de colores, de sabores, de lugares. Me llegue a acostumbrar a ellos y comenzaron a gustarme.
Esperar tus cambios se volvió parte de mi usual cotidianidad. Era mi trabajo, yo ordenaba tus desordenes, decidía entre las miles de opciones, le daba un camino claro a la ambigüedades… ¿pero no lo soportaste no?... sé que no soportas que haya podido ordenar y cronometrar tus cambios. Ya no cambias, ya no te mueves… sé que tu resentimiento hacia mi obsesión por ordenarlo todo te llevo a ya no darme nada para ordenar… quieres que yo ya no entienda nada.. Que entre en caos. Quieres hacerme lo que yo te hice. Desordenar mi orden.
Es difícil explicarte que no quise fotocopiar en blanco y negro tus miles de colores. No quise volver estrellas los meteoros, solo actuaba por instinto. Hoy te vi, esperando que me cuentes miles de cosas, que rías cada tres palabras, o que me hagas reír pero no hiciste nada… No pude ordenar tus palabras, tus gestos, simplemente ya no estaban presentes. No sé como decirte que te extraño, que si volviera a conocerte ya no intentaría cambiarte, y en verdad eso no fue lo que quise hacer solo quise entenderte.
Emma:
Es tan difícil para mí describirlo, tú lo sabes, no sé cómo poner exactamente en orden las cosas. Quizás como siempre lo mencionas, mitad por preocupación mitad por ironía, vivo obsesionado con el orden. Es que aunque no entiendas por qué, (y yo tampoco lo pueda explicar claramente) todo tiene que estar en orden. No sé cómo a ti no te preocupa que todo tenga que estar de alguna manera estructurado armónicamente, para decirlo en tus palabras…
Para mí, más que armónicamente todo debería estar estrictamente ordenado, sin cosas de más, ni adornos de más y si los hay que estén puestos exactamente donde tienen que estar. Cuando hablo quiero hacerlo exactamente igual, no me parece malgastar palabras, no me gusta decir palabras de más.
Ni tú lo entiendes ¿no?... y tú eres la persona que más me entendía… ¿y ahora?... ¿Quién le hará caso a mis obsesiones?, ¿con quién divagaré hasta ordenar mis ideas?... tú dices que estás, que sigues ahí, que la persona que está enloqueciendo soy yo.. Pero los dos sabemos que eso no tiene sentido. Yo no cambio, yo no me muevo, yo siempre estoy en mi usual monotonía. Tú eres un constante cambio, movimiento. Te gusta el movimiento, te gustan los colores. Esa es la razón por la cual pudimos pasar tanto tiempo sin aburrirnos de nuestra compañía. Tú hacías los cambios y yo los aceptaba, dejaba todo en tus manos, yo solo me dedicaba a ir poniendo en orden tus constantes cambios de humor, de colores, de sabores, de lugares. Me llegue a acostumbrar a ellos y comenzaron a gustarme.
Esperar tus cambios se volvió parte de mi usual cotidianidad. Era mi trabajo, yo ordenaba tus desordenes, decidía entre las miles de opciones, le daba un camino claro a la ambigüedades… ¿pero no lo soportaste no?... sé que no soportas que haya podido ordenar y cronometrar tus cambios. Ya no cambias, ya no te mueves… sé que tu resentimiento hacia mi obsesión por ordenarlo todo te llevo a ya no darme nada para ordenar… quieres que yo ya no entienda nada.. Que entre en caos. Quieres hacerme lo que yo te hice. Desordenar mi orden.
Es difícil explicarte que no quise fotocopiar en blanco y negro tus miles de colores. No quise volver estrellas los meteoros, solo actuaba por instinto. Hoy te vi, esperando que me cuentes miles de cosas, que rías cada tres palabras, o que me hagas reír pero no hiciste nada… No pude ordenar tus palabras, tus gestos, simplemente ya no estaban presentes. No sé como decirte que te extraño, que si volviera a conocerte ya no intentaría cambiarte, y en verdad eso no fue lo que quise hacer solo quise entenderte.
Querido Gran Hermano:
Hace más o menos un año que empezó mi vicio contigo, un vicio que debo ocultar ante las miradas serias y enteradas de mi entorno. Pero aunque sea un vicio terrible y aunque todos me juzguen por mi apariencia, debo decir que te vi. Todas la galas de nominación y eliminación y todos los días que podía en las mil cámaras ocultas que tiene tu enorme o pequeña casa, además vi a Peluffo en todos los debates y me peleé con el cable cada vez que cortaba la señal.
Quizás era porque pasaba por un momento de refugio y soledad, en donde no tenía ni perro que me ladre, ni jefe que me dé salario, que me la pasaba horas de horas en la televisión viendo cómo se despertaban, se peinaban, se echaban cremas y conversaban de la vida.
Tenían más o menos la misma edad que yo cuando entraron a la casa, tenemos mundos distintos y de hecho tenemos aspiraciones diferentes, no sé si hubiera pensado que Andrea, Eugenia, Renzo y yo podríamos alguna vez ser amigos, pero quizás yo me sentía tan perdida como ustedes, estar en un nuevo espacio y no saber exactamente cómo salir airosa de él o, no sé, tal vez sólo tengo que aceptar el hecho de que no tenemos nada en común y que tampoco nos sentimos de la misma manera vacíos, yo no fui ni soy cartonero, no me salí de mi casa a los catorce año, ni tampoco estuve en la cárcel, no me metería a una casa con desconocidos para ganar un premio pero igual no importa, yo los vi y lo confieso.
Los vi y sufrí los pleitos de Andrea, por ella y con ella, me alié con Euge y fui feliz cuando volvió a la casa para aclarar las cosas con Esteban, me fui a España con Soledad y también viví la final como lo hicieron el propio Esteban o Soledad y debo decir que aunque me avergüence, no me avergüenzo, me dí cuenta que uno no tiene que alejarse y encerrarse con mil extraños para sentirse llena o vacía, para ser buena o mala, yo no creo que haya que encerrar a la gente para sacar lo verdadero de sí, no sé… después de haber vivido tu terrible vicio sólo me queda decirte querido Gran Hermano que todos pero todos hasta esta Pequeña Mostra tenemos un vicio oscuro que ocultar.
Pequeña Mostra

A Pequeña Mostra:
Sinceramente, a estas alturas de la noche, aún intento definir lo que sentí al verte... No sé si fue excitación, deseo, curiosidad o amor a primera vista... puede quizás que lo sentido sea suficiente para invitarte unas chelas o para iniciar un romance permanente, no lo sé.
Me suele pasar lo que contigo, ver una mujer y sentir las ganas inefables de lanzarme encima a comerla a besos... pero siento miedo, porque ya no sé como empezar otra vez el amor con una mujer... hace tanto de esos inicios que ya no recuerdo los procedimientos adecuados y me embarga la ansiedad.
Tal vez, ya que a ambos nos gusta escribir, podamos mantener correspondencia anónima con la simple finalidad de mantenerme a tu lado, o en todo caso, no respondas pero permíteme escribirte... es una necesidad.
No sé nada de ti... ni tu nombre ni tu edad... si eres de aquí o de allá... qué comes o qué fumas... pero vamos, eso nunca ha sido impedimento para nadie a la hora de enamorarse, y no lo será para mí a la hora de enamorarme de ti, mi Pequeña Mostra.
Envío esta carta con la esperanza en alto, flameante cual estandarte de batalla, confiado en que al menos sabrás que en algún lugar, lejos del desierto, hay un ser, quizá mostro quizá no, que muere y espera por ti.
Luter Monster
Son casi 16 años que nos conocemos, has sido parte de mis almuerzos, de mis risas, de mis llantos, de mis pleitos interminables con mis mostras hermanas, he visto como tu pequeña se hizo cada vez más grande, hemos visto como las dos hemos ido creciendo.
Llegué a mi casa nueva más o menos en octubre de hace muchos años, yo tenía creo que 8 años, acababas de empezar a trabajar en mi casa, tu hijita no caminaba todavía, era una pequeña pericota, como dices que le decía yo.
Ella gateaba por el patio mientras tú barrías la entrada de mi casa. No sé bien qué pasó en ese momento, quizás me puse a jugar con la pequeñuela, me debes haber sonreído como siempre lo haces y a partir de ese momento no tengo casi recuerdos de casa en los que tu no estés.
Ahora las pocas veces que podemos almorzar juntas recordamos las largas tardes en las que no hacía mi tarea y me ponía a saltar con la pequeña en un colchón que habíamos puesto en la cocina, tú te reías y me engreías, como lo haces hasta ahora, tú también eras muy joven, disfrutabas todos los juegos que me inventaba y jugabas con nosotras, nos reíamos, cantábamos, “te ayudaba” a cocinar y creo que en realidad cortaba todo chueco y malograba la sazón, pero de tu rostro nunca salió una cara de reprobación hacia mí, al contrario siempre me has engreído y cuidado como si fuéramos familia, he crecido contigo y tú has crecido también con nosotras.
Hasta ahora no se bien qué pasó esa tarde de octubre en la que llegaste a mi casa, pero desde ahí a pesar de los viajes, de los cambios en tu vida, de lo grande que está la pequeña, de los cambios en mi familia, no hemos podido separarnos mucho tiempo, creo que todos hemos crecido juntos.
Eres de las personas más fuertes y valientes que conozco, eres alegre y dedicada y ante lo duro de la vida demasiadas caras duras no te he visto poner, siempre sabes cómo responder con una sonrisa.
No sé bien cómo decírtelo, pero gracias por las ya miles de sonrisas con las que siempre has sabido alegrarme.
Te quiero mucho.
Llegué a mi casa nueva más o menos en octubre de hace muchos años, yo tenía creo que 8 años, acababas de empezar a trabajar en mi casa, tu hijita no caminaba todavía, era una pequeña pericota, como dices que le decía yo.
Ella gateaba por el patio mientras tú barrías la entrada de mi casa. No sé bien qué pasó en ese momento, quizás me puse a jugar con la pequeñuela, me debes haber sonreído como siempre lo haces y a partir de ese momento no tengo casi recuerdos de casa en los que tu no estés.
Ahora las pocas veces que podemos almorzar juntas recordamos las largas tardes en las que no hacía mi tarea y me ponía a saltar con la pequeña en un colchón que habíamos puesto en la cocina, tú te reías y me engreías, como lo haces hasta ahora, tú también eras muy joven, disfrutabas todos los juegos que me inventaba y jugabas con nosotras, nos reíamos, cantábamos, “te ayudaba” a cocinar y creo que en realidad cortaba todo chueco y malograba la sazón, pero de tu rostro nunca salió una cara de reprobación hacia mí, al contrario siempre me has engreído y cuidado como si fuéramos familia, he crecido contigo y tú has crecido también con nosotras.
Hasta ahora no se bien qué pasó esa tarde de octubre en la que llegaste a mi casa, pero desde ahí a pesar de los viajes, de los cambios en tu vida, de lo grande que está la pequeña, de los cambios en mi familia, no hemos podido separarnos mucho tiempo, creo que todos hemos crecido juntos.
Eres de las personas más fuertes y valientes que conozco, eres alegre y dedicada y ante lo duro de la vida demasiadas caras duras no te he visto poner, siempre sabes cómo responder con una sonrisa.
No sé bien cómo decírtelo, pero gracias por las ya miles de sonrisas con las que siempre has sabido alegrarme.
Te quiero mucho.
Pequeña Mostra
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