El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no está en casi ninguna parte. Sin embargo, en medio de las infinitas desolaciones hay una buena noticia: el Amor. Siempre he tomado ese rumbo cuando he querido encontrar respuestas. Eso si, ya no confundo el amor con la dicha. Al contrario: A veces pienso que amor y pena son una misma cosa. Especialmente en esta ciudad en la que me ha tocado vivir, que es también la ciudad del desencuentro. Las historias amorosas que me han tocado vivir son casi siempre tristes. Esto no basta para afirmar que todos mis romances fueron desdichados: sucede –tal vez– que el arte necesita nostalgia. No se podría ser artista si no se ha perdido algo y es más cierto ahora.

Los poemas de amor satisfecho aparecen como una payasada de comerciantes afortunados. Por eso hay muchos poetas que andan en busca del desengaño, porque piensan que cerca de él andaba el verso perfecto. Casi todos quedaban en la mitad del camino. Yo veo las cosas de un modo más complicado. Admito que la pena de amor conduce al arte. Pero también sostengo que el propósito final del arte es el amor. La recompensa del artista es ser amado. Algunos muchachos sin vocación artística trataban de merecer a las damas cultivando las ciencias, la bondad, el coraje, la riqueza o la extorsión. Los autores de axiomas extrajeron de estas realidades una conclusión modesta: si no fuera por el amor, nadie haría gran cosa. Las muchachas beligerantes podían objetar que estos pensamientos parecen reservados a la conducta masculina. Pues yo creo que las mujeres hacían de ellas mismas un hecho artístico.

Ahora si, sin divagaciones: siempre he querido con gravedad y temor, con una lealtad que raya en lo incomprensible. En cierto modo porque no poseo el cínico aplomo que da el demasiado trato con las mujeres. Y tampoco la audacia irreverente de los donjuanes. Las manifestaciones visibles de lo que he estado sintiendo, debes saberlo, han sido modestas. Creo recordar una mano tierna sobre mi mejilla, otras muy agresivas en mi poto, una blanca y vivaz vecindad frente a una ensalada de frutas y una frase, tan solo una, la primera: “Falta color en tu vida”. En algún punto de estos meses perdí el rastro de lo que sentía, abrumado por tormentos emocionales de los cuales he estado tratando de escapar. Sin embargo, el sentimiento siguió intacto y apartado del resto, tal vez para no mezclarlo con los demás y crear un cóctel explosivo que pudiera haberme exterminado. Entonces, tuve que rehacerme como hombre y viví formidables gestas amorosas y no amorosas. Pero jamás dejé de pensar en ti. Esta tarde, estando a la espera de definir por primera vez mi futuro, sé que ha llegado el momento de decirlo todo.

Pareciera que siempre he de perder mi vida entera tratando de olvidar. De la noche a la mañana te convertiste en algo demasiado importante para mi, algo que no sé lo que es y que me causa cierto temor. Es que eres la única persona en el mundo por la que he sentido emociones tan fuertes sin haber tenido tanto contacto, al menos como al que estoy acostumbrado, y decírselo a través de este medio. No hay motivo para seguir haciéndome el tonto. No quisiera decirlo así, pero desde el primer momento en que te conocí me enamoré y desde entonces he querido, y a la vez no, seguir amándote. Si es tu deseo, lo podrás corroborar chequeando en XXX, busca el post del 20 de agosto, todo ocurrió de buenas a primeras, como debe ser siempre, como siempre me pasa. Y en los siguientes sabrás todo lo que he callado.

Cuando miro hacia atrás y recuerdo cuán profundas, interesantes y despreocupadas eran nuestras conversaciones, me brota una sonrisa en el rostro. Toda la alegría y el asombro de estar juntos hablando de todo y más, como si nos conociéramos de toda la vida, sin tapujos ni mentiras. Cuánto ha cambiado mi vida desde entonces. He salido con otras personas y debo creer que nuestras vidas han tomado distintas direcciones. Aún después de todo este tiempo, tú me hiciste recordar quien soy realmente y lo que siento por ti. He tenido que admitirlo finalmente.

Tú no tienes que decir nada o hacer nada. Yo sólo quise hacerte saber que no importa qué pase de ahora en adelante, yo atesoraré siempre un lugar especial para ti en mi vida. Es verdad. Es mejor haberte conocido de esta rara forma, que jamás haber tenido esa dicha. Yo estoy feliz de haber conocido a una diosa, porque siempre imaginé que tú sabías que yo era un sacerdote para ti, alguien que puede rendirte culto y adorarte para siempre.

Desde siempre y para siempre, estarás en mi corazón cada momento. Pensar en ti me hará feliz a lo largo de mi vida, y nunca dejaré de soñar en el momento de que juntos volvamos a empezar lo que nunca vamos a hacer. Y esto lo digo porque se que nadie morirá nunca. Porque (tú lo descubriste sin que te lo dijera) soy Peter Pan.

Buenas tardes.

Mostro Peter Pan

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